スペインの失業などで、教会経営の無料食堂に通う人びと
“Que no caigamos en el olvido”
Antonio Luque, electricista y agricultor en paro, acude casi a diario al comedor social de Jaén desde hace tres años
Ginés Donaire Jaén 20 MAR 2013 - 22:02 CET
Son las ocho de la tarde y Antonio Luque, de 32 años, sale del comedor social de Jaén al que acude casi a diario desde hace tres años. Ha cenado arroz a la cubana y una naranja, y en una bolsa se lleva otras tres raciones para su madre, de 60 años, y otras dos hermanas suyas, menores que él, que sufren trastornos esquizofrénicos. Los únicos ingresos de la casa son los 350 euros que recibe su madre y una ayuda de poco más de 300 de una de sus hermanas, aunque la mitad se va para medicinas.
"Tenemos menos de 500 euros al mes para cuatro personas, y con ese dinero es imposible vivir si no fuera por la ayuda de estos comedores”, comenta agradecido, Antonio, que trabajó primero como electricista y más tarde como agricultor, pero al que la crisis desplazó del mercado de trabajo. Este año, sin ir más lejos, apenas ha podido trabajar 15 días en la recogida de la aceituna, un tiempo insuficiente para cobrar el subsidio agrario.
Cada atardecer, un centenar de personas llegan al comedor de la parroquia de Belén y San Roque de la capital jiennense en busca de la única comida caliente del día. La crisis ha cambiado el perfil de los usuarios. Cada vez son más las familias que, sin ocultar un cierto pudor, acuden en busca de un plato de garbanzos, de lentejas o de arroz. Son familias que hasta hace muy poco vivían más o menos bien, pero a las que la crisis está dejando en la cuneta. Familias como la de Antonio, que pide encarecidamente a los políticos “no caer en el olvido”, o como la de Juana Cañas, de 63 años, que acude con su nieto Jesús y aún espera la llegada de su hija, su yerno y otros nietos más.
“A veces nos juntamos aquí hasta 10 de la misma familia”, dice Juana mientras apura el plato de arroz. Con su pensión de viudedad de 600 euros viven cinco personas en su casa, y tiene que sobrar para ayudar a otros dos hijos que están en el paro. Juana solo tiene palabras de agradecimiento para los voluntarios de este comedor social, que ya son casi una familia para ella.
\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\
"Do not fall into oblivion"
Antonio Luque, unemployed electrician and farmer, comes almost daily to the soup kitchen for three years Jaén
Donaire Jaén Ginés 20 MAR 2013 - 22:02 CET
It's eight pm and Antonio Luque, 32, leaves the soup kitchen that comes Jaén almost daily for three years. Have eaten rice to Cuba and an orange, and a bag takes three rations for her mother, 60, and his two sisters, younger than himself, suffering schizophrenic disorders. The only household income is 350 euros and his mother received a grant of just over 300 of one of his sisters, although half leaves for medicine.
"We have less than 500 euros a month for four people, and that money can not live if not for the help of these kitchens," he says gratefully, Antonio, who worked first as an electrician and later as a farmer, but the Crisis displaced labor market. This year, without going any further, barely able to work 15 days in the olive harvest, insufficient time to collect farm subsidy.
Every evening, hundreds of people come to the dining room of the parish of San Roque Bethlehem jiennense the capital in search of the only hot meal of the day. The crisis has changed the profile of the users. More and more families, without hiding a certain modesty, they ask for a plate of chickpeas, lentils and rice. These are families who until recently lived fairly well, but to which the crisis is leaving by the wayside. Families like Antonio, who urges politicians "not be forgotten", or like Juana Cañas, 63, who came with her grandson Jesus and still awaiting the arrival of his daughter, his son and others grandchildren.
"Sometimes we gather here to 10 from the same family," says Juana hurry while the rice dish. With her widow's pension of 600 euros five people live in your home, and has to be left over to help two other children who are unemployed. Juana has only words of thanks to the volunteers of the soup kitchen, which are almost like family to her.
0 件のコメント:
コメントを投稿