イラクは10年戦争の後、平和を達成していない
Irak no ha alcanzado la paz, 10 años después de la guerra
Faltos de cultura política, embrutecidos por tres décadas de tiranía y guerras, los iraquíes no tienen rivales políticos sino enemigos
Las tensiones sectarias reaparecen en Irak diez años después de la guerra
FOTOGALERÍA La ola de protestas en imágenes
Ángeles Espinosa Bagdad (Enviada especial) 18 MAR 2013 - 19:43 CET
El parque de atracciones Al Zawra se llena los viernes por la noche de familias en busca de diversión para los pequeños y distracción para los mayores. Las luces de la noria cambian de color. Los tiovivos dan vueltas. Los gritos y risas de los niños han sustituido al tableteo de ametralladora que se había convertido en la banda sonora de Bagdad. De nuevo, es posible salir a la calle sin (mucho) miedo. Y los iraquíes no pierden un minuto para disfrutar esa sensación de recuperada normalidad que transmite la feria en el barrio de Mansur.
“Es cierto que la seguridad personal ha mejorado bastante, se han reducido los secuestros y ya casi no se oyen explosiones y tiroteos”, admite Karim A., mientras su hijo Hamudi insiste en montarse otra vez en el balancín y su mujer, Ruquiya, cuida de que la pequeña Amal no se aleje demasiado.
Hace dos o tres años la escena hubiera sido inimaginable en esta ciudad a la que la invasión estadounidense de 2003 transformó hasta dejarla irreconocible a base de alambradas, muros de hormigón, calles cortadas y comunidades segregadas según el origen étnico o la confesión religiosa. La pareja celebró entonces la caída de Saddam Husein y a pesar de la violencia que les confinó a sus casas durante buena parte de la década, nunca perdieron la esperanza como lo prueba que se casaran en 2009 y se animaran a tener los dos críos. Sin embargo, ahora hablan de irse de Irak.
“Con los niños las cosas se ven de otra manera. Nos preguntamos si este país tiene futuro. La situación política es preocupante”, confía Karim mientras su mujer asiente con la cabeza. Ambos temen el regreso del sectarismo que entre 2006 y 2008 puso al país al borde de la guerra civil. Son profesionales con un alto nivel de inglés, quieren una buena educación para sus hijos y sospechan que las cosas no van a mejorar en el futuro inmediato. Como muchos iraquíes, están empezando a perder la paciencia.
La seguridad personal ha mejorado bastante, se han reducido los secuestros y ya casi no se oyen explosiones
Karim A., ciudadano de Bagdad
Diez años y 122.000 muertos después, el nuevo Irak tiene poco que ver con aquel “modelo de democracia para la región” que les prometiera George W. Bush. Esa cifra es la que facilita el contador del Iraqi Body Count, una organización sin ánimo de lucro que contabiliza las víctimas mortales civiles desde la invasión y que se actualiza a diario con fuentes contrastadas. Pero una tan famosa como polémica proyección de The Lancet elevaba su número a 650.000 hasta 2006, lo que haría que ahora rondaran un millón. La distancia entre las expectativas que se crearon con el derribo de Saddam y la realidad es igualmente enorme.
“Tenemos una paz, una seguridad y un sistema político muy frágiles. A pesar de la nueva Constitución y las dos elecciones, no se han puesto las bases para un sistema democrático sólido”, explica Hanaa Edwar, secretaria general de Al Amal, una ONG que promueve la sociedad civil, activa desde 1992 pero que sólo en 2003 pudo instalarse en Bagdad. “Queda mucho por construir: el respeto de los derechos humanos, la igualdad de género, la justicia social… Está siendo un parto muy complicado”, resume de forma gráfica.
La Constitución de 2005 establece las bases necesarias para ello pero, como recuerda un europeo que ha pasado la mayor parte de la década asesorando al Gobierno iraquí, no se ha desarrollado. “Nadie se atreve a tocar nada por temor a que el precario equilibrio [étnico y sectario] alcanzado salte por los aires”, apunta desde el anonimato porque no está autorizado a hablar con la prensa.
“Se hizo deprisa y corriendo. Con actores que ya no están en el poder (a excepción del presidente Yalal Talabani, en la actualidad de baja) y los nuevos no entienden aquel texto constitucional, o se opusieron directamente a él, como es el caso de Múqtada al Sadr o Nuri al Maliki [dos actores clave en la actualidad]”, explica el interlocutor. Desde posturas políticas distintas, ambos dirigentes chiíes se opusieron al federalismo y el estado centralizado que ha mantenido y reforzado el segundo como primer ministro es la clave
El problema arranca del Consejo de Gobierno nombrado por los ocupantes en el verano de 2003. Se distribuyeron los 25 sitios de acuerdo con cuotas sectarias que dieron carta de naturaleza a unas diferencias que hasta entonces se mantenían en segundo plano. Los iraquíes empezaron a verse (y a actuar) de acuerdo con ese estereotipo. Y los nuevos dirigentes políticos lo han explotado desde entonces. El voto sectario es una consecuencia de la inexistencia de verdaderos partidos, con programas concretos que superen esas categorías tan reales como alentadas.
Faltos de cultura política y embrutecidos por tres décadas de tiranía y guerras, los iraquíes no tienen rivales políticos sino enemigos
El empate virtual en las últimas elecciones entre la Alianza Nacional del primer ministro, Nuri al Maliki, y el bloque Iraquiya de Ayad Alaui, forzó un Gabinete de unidad nacional en el que están representados la mayoría árabe chií y las minorías árabe suní y kurda, pero que ha trasformado el encaje de bolillos sectario en parálisis política absoluta. “Es un Gobierno imposible que tiene dentro al partido del Gobierno y a la oposición”, describe con aptitud un embajador europeo en Bagdad. Así no puede tomar decisiones. Falta por ver si las elecciones del próximo año son capaces de producir un Ejecutivo con un mandato claro. Muchos observadores, lo dudan.
Faltos de cultura política, embrutecidos por tres décadas de tiranía y guerras, los iraquíes no tienen rivales políticos sino enemigos. Se pierde o se gana. No hay posibilidad de compromiso, una palabra que de por sí en árabe suena a derrota. De ahí, la saña del enfrentamiento. Además, se están quedando sin mediadores.
“Antes hacía ese papel Estados Unidos, pero desde la salida de sus tropas ese país ha perdido peso”, confía un observador occidental. Otra figura respetada para esa función era el presidente Talabani, a quien la enfermedad ha sumido en el silencio. Sólo el guía espiritual de los chiíes, el ayatolá Ali Sistaní, parece servir de freno a los excesos autoritarios de Al Maliki, tal vez consciente de que el agravamiento del sectarismo sólo puede terminar dando la razón a quienes profetizaban la fractura de Irak en tres entidades nacionales.
Más grave aún para el día a día inmediato de los iraquíes, en vez de “un país económicamente próspero que iba a arrastrar a los vecinos” como auguraba EEUU, Irak se ha convertido en el octavo más corrupto del mundo, según el índice que elabora anualmente Transparency International. Así que los enormes ingresos del petróleo, que el año pasado alcanzaron los 73.000 millones de euros, no se han traducido en una mejora generalizada y equitativa del nivel de vida de los iraquíes.
Los concesionarios de coches de lujo o la recién inaugurada tienda de Rolex en la mejor esquina de Mansur, son sólo un espejismo para la mayoría de la población. Aunque los salarios de los empleados públicos van de los 400 euros de un maestro a los 800 euros de un policía, frente a apenas un euro que oficialmente cobraban en los últimos años del régimen de Saddam, la mayoría aún sobrevive haciendo chapuzas o trabajos informales, sin seguro médico ni posibilidad de cobrar una jubilación.
“Carecemos de Estado, las instituciones no funcionan y no se respeta la ley”
Hanaa Edwar, secretaria general de la ONG iraquí Al Amaal
“Carecemos de Estado, las instituciones no funcionan, no se respeta la ley”, insiste Edwar. “Resulta amargo hablar de ello, pero sigue habiendo presos sin acusaciones claras, gente a la que se destituye sin compensación, jóvenes sin trabajo, corrupción y un absoluto colapso de los servicios públicos”, añade.
Ni siquiera en los barrios típicamente chiíes, como Al Kadhimiya o Ciudad Sadr, supuestamente los más beneficiados por un Gobierno afín, se han asfaltado las calles o hay un sistema de recogida de basuras que evite la sensación de pasear por un vertedero al aire libre. Durante la semana pasada en Bagdad, a principios de marzo, esta corresponsal vio en varias zonas de la ciudad algunos barrenderos, jardineros y obreros que pintaban los bordillos de las aceras. Los decepcionados vecinos atribuían su presencia a las elecciones locales que van a celebrarse en abril.
A pesar de los 60.000 millones de dólares que EEUU invirtió en la reconstrucción, la única influencia visible que ha dejado el país es el look macarra-militar, que los soldados iraquíes reproducen sin complejo. Soldados con gafas Rayban que mascan chicle, enormes muros de hormigón y miles de puestos de control para intentar frenar los atentados que todavía sobresaltan de vez en cuando a la población. Unas medidas de seguridad que hacen que desplazarse por la capital se convierta en un ejercicio de paciencia agotador y enervante. Sus habitantes pierden varias horas diarias en desplazamientos.
El tráfico y la penuria de los servicios públicos son sin duda lo que más irritación causa entre los iraquíes. El sistema educativo está destrozado. El transporte público es una quimera. Gran parte de la población sigue sin agua potable. Y aunque el abastecimiento de electricidad se ha duplicado entre 2004 y 2012, no ha conseguido acabar con el desquiciante runrún de los generadores y el olor a gasoil que inunda la ciudad.
“Tenemos tres conexiones: a la red nacional, al generador del barrio y al nuestro familiar para cuando falla lo demás”, explica Saleh H., padre de dos chavales de 16 y 12 años, residentes en la calle Palestina. “Sale carísimo”, se queja. Saleh tiene dificultades para llegar a fin de mes con las chapuzas que va empalmando desde que en 2003 cerró la fábrica de munición en la que trabajaba. Tampoco sabe cómo explicar la situación a sus hijos fascinados con las últimas consolas y móviles, que no les puede comprar.
El sistema educativo está destrozado y gran parte de la población sigue sin agua potable
“Se está agrandando la brecha entre ricos y pobres”, constata Edwar que también recuerda que tres décadas de guerras han dejado 1,5 millones de viudas sin fuente de ingresos. Además, todavía hay 1,3 millones de desplazados que no han podido volver a sus casas, bien porque están destruidas o porque han sido ocupadas por familias de otra secta tras la limpieza que ha uniformado zonas que hasta hace unos años eran mixtas. Así que en algunos barrios, como en Ciudad Sadr, dos y tres familias se hacinan en espacios que no llegan a los cien metros cuadrados. En otros casos, han encontrado refugio en edificios a medio construir como el de la plaza del Teatro, sin servicios sanitarios.
“Se necesitan dos millones de viviendas en todo el país, al menos una cuarta parte de ellas en Bagdad”, señala Ghada al Siliq, una arquitecta que trabaja como consultora para el Ayuntamiento de la capital. “Las disputas políticas han frenado los proyectos, pero poco a poco los nuevos responsables están aprendiendo y empiezan a darse cuenta de que tienen que ir adelante con la parte técnica”, añade intentando mantener la esperanza.
Para ello nada mejor que acudir la facultad de idiomas de la Universidad de Bagdad en Bab al Moadam. Allí, tras superar un control policial y un estricto registro de acceso, se respira un optimismo sin parangón en el resto de la ciudad. Shatha Kareem, la jefa del departamento de español, muestra con orgullo las aulas recién pintadas, la biblioteca y la televisión donde los 529 matriculados en esta lengua pueden ver el Canal 24 horas. Con más entusiasmo que medios, 18 profesores intentan que los estudiantes se enamoren de un idioma que en muchos casos no fue su primera elección.
“¿Cómo podemos conseguir una beca para viajar a España?”, es la pregunta que formulan los alumnos antes de acabar el primer curso. Sin duda el principal atractivo de aprender una lengua extranjera es la posibilidad de salir de un país en el que apenas un 40% de los adultos tiene trabajo (el 65% de ellos en el sector público).
“Están en una edad en la que creen que todo lo de fuera es perfecto, que si salen de aquí van a realizar todos sus sueños”, reconoce la decana de la facultad y jefa del departamento de inglés, Sausen Faisal el Samir. Ella siempre intenta que no se vayan antes de acabar los estudios. “¿A qué van a dedicarse si no? ¿A servir hamburguesas en un McDonald’s? Eso también pueden hacerlo aquí”, apunta.
Pero es difícil. Muchos tienen familia o amigos fuera que les cuentan lo que se están perdiendo. Dos millones de iraquíes viven en el extranjero e incluso quienes han vuelto en los últimos años han dejado una puerta abierta en el país de acogida. Aunque a largo plazo todos aseguran que Irak va a salir adelante, el interregno puede ser muy largo. “Así que entre la élite cultural e intelectual, la cuestión ya no es si me iré sino cuándo se presentara la oportunidad”, advierte Al Siliq, la arquitecta.
“Los iraquíes estamos cansados de la guerra. Queremos vivir una vida normal como el resto del mundo”, concluye El Samir, la decana. Es lo mismo que desean Karim y Ruquiya para sus hijos. Fin
Iraq has not achieved peace, 10 years after the war
Lacking political culture, brutalized by three decades of tyranny and war, Iraqis have political rivals but not enemies
Sectarian tensions reappear in Iraq ten years after the war
PHOTOGALLERY The wave of protests in pictures
Angeles Espinosa Baghdad (Special Envoy) 18 Mar 2013 - 19:43 CET
The amusement park is filled Al Zawra on Friday night looking for fun families for small and major distraction. Ferris wheel lights change color. The circling carousels. The shouts and laughter of children have replaced the rattle of machine gun had become the soundtrack of Baghdad. Again, you can go out without (much) fear. And Iraqis do not lose a minute to enjoy that feeling of normalcy that transmits recovered the fair in the neighborhood of Mansur.
"It is true that personal safety has improved greatly, the kidnappings have been reduced and we hardly hear explosions and gunfire," admits A. Karim, as his son Hamoudi insists again mounted on the rocker and his wife, Ruquiya, ensures that the small Amal does not deviate.
Two or three years ago the scene would have been unimaginable in this city that the U.S. invasion of 2003 transformed beyond recognition based fences, concrete walls, blocked roads and communities segregated by ethnicity or religious affiliation. The couple then celebrated the fall of Saddam Hussein despite violence confined them to their homes for much of the decade, never lost hope as proof they were married in 2009 and be encouraged to take the two kids. However, now talk about leaving Iraq.
"With children, things look differently. We wonder if this country has a future. The political situation is worrying, "while his wife is confident Karim nods. Both fear the return of sectarianism that between 2006 and 2008 brought the country to the brink of civil war. They are professionals with a high level of English, they want a good education for their children and suspect that things will not improve in the immediate future. Like many Iraqis, are beginning to lose patience.
Personal security has improved somewhat, the kidnappings have been reduced and we hardly hear explosions
Karim A., a citizen of Baghdad
Ten years and 122,000 deaths later, the new Iraq has little to do with that "democratic model for the region" that promised George W. Bush. That figure is what facilitates counter Iraqi Body Count, a nonprofit organization that tracks civilian deaths since the invasion and that is updated daily with contrasting sources. But as famous as controversial screening of The Lancet raised their number to 650,000 by 2006, which would make now will be about one million. The distance between the expectations that were created by demolishing Saddam and reality is equally huge.
"We have peace, security and a fragile political system. Although the new Constitution and the two elections, there have been the basis for a sound democratic system, "said Hanaa Edwar, secretary general of Al Amal, an NGO promoting civil society, active since 1992 but only in 2003 could settle in Baghdad. "There is much to build: respect for human rights, gender equality, social justice ... It's been a very complicated delivery," summarizes graphically.
The Constitution of 2005 provides the basis for this but as recalls a European who has spent most of the decade advising the Iraqi government has not developed. "No one dares to touch anything for fear that the precarious balance [ethnic and sectarian] reached jump into the air," said on condition of anonymity because he was not authorized to speak to the media.
"It made hastily. With players who are no longer in power (except for President Jalal Talabani, currently low) and do not understand that the new constitutional text, or directly opposed to it, as in the case of Muqtada al Sadr and Nouri al Maliki [two key players today], "said the caller. From different political positions, both Shiite leaders opposed to federalism and the centralized state that has maintained and strengthened as the second Prime Minister is the key
The problem starts Governing Council appointed by the occupants in the summer of 2003. 25 sites were distributed according to sectarian quotas in nature, it gave some differences hitherto kept in the background. The Iraqis began to look (and act) according to that stereotype. And the new political leaders have exploited since. The sectarian voting is a consequence of the lack of real parties, with specific programs that exceed those categories as real as encouraged.
Lacking political culture and brutalized by three decades of tyranny and war, Iraqis have political rivals but not enemies
The virtual tie in the last election between the National Alliance of Prime Minister Nuri al-Maliki and the Iraqiya bloc of Ayad Allawi, forced a national unity Cabinet in which are represented the Arab majority Shiite and minority Sunni Arab and Kurdish but that has transformed the sectarian lace absolute political paralysis. "It is impossible for a government within the government party and the opposition," fitness describes a European ambassador in Baghdad. So can not make decisions. Remains to be seen if the elections next year are capable of producing an executive with a clear mandate. Many observers doubt it.
Lacking political culture, brutalized by three decades of tyranny and war, Iraqis have political rivals but not enemies. Be lost or won. There is no possibility of compromise, a word that in itself sounds Arabic defeat. Hence, the brutality of the conflict. Moreover, mediators are running out.
"Before this role was the United States, but since the departure of his troops that country has lost weight," confides a Western observer. Another respected figure for that function was President Talabani, whom the disease has plunged into silence. Only the spiritual leader of the Shiites, Ayatollah Ali Sistani, seems to serve as a check on the authoritarian excesses of Al Maliki, perhaps aware that the worsening of sectarianism can only end up agreeing with those who prophesied breaking Iraq into three entities national.
Even worse for the immediate everyday Iraqis, instead of "an economically prosperous country that would drag the neighbors" as predicted U.S., Iraq has become the eighth most corrupt in the world, according to the index prepared Transparency International annually. So the huge oil revenues, which last year totaled 73,000 million euros, have not resulted in a widespread and equitable improvement in living standards of Iraqis.
The luxury car dealers or the newly opened Rolex store in the best corner of Mansur, are just a mirage for most people. Although the salaries of public employees ranging from 400 euros from a teacher to a police 800 euros, compared with only euro officially charged in the last years of Saddam's regime, most still survive doing odd jobs or casual work, uninsured or possibility to collect a pension.
"We have no state, institutions do not work and do not respect the law"
Hanaa Edwar, secretary general of the Iraqi NGO Al Amaal
"We have no state, institutions do not work, do not respect the law," insists Edward. "It is bitter to talk about it, but still held without charges clear, people who are dismissed without compensation, unemployed youth, corruption and utter collapse of public services," he adds.
Even in typically Shiite neighborhoods like Sadr City Al Kadhimiya or supposedly benefit most from a government related, have paved the streets or there is a garbage collection system to avoid the feeling of walking through a dump outdoors. Last week in Baghdad, in early March, this correspondent saw in several areas of the city some sweepers, gardeners and workers who painted the curbs. The neighbors disappointed attributed their presence to the local elections that will be held in April.
Despite the 60,000 million U.S. dollars invested in the reconstruction, the only visible influence that has left the country is the pimp-military look, that Iraqi soldiers reproduced without complex. Rayban sunglasses soldiers who chew gum, huge concrete walls and thousands of checkpoints to try to stop the attacks still occasionally startle the population. Security measures that make the capital move become an exercise in patience exhausting and enervating. Its inhabitants lose several hours a day in shifts.
The traffic and the shortage of public services are certainly cause more irritation among Iraqis. The education system is broken. Public transport is a chimera. Much of the population remains without running water. And although the electricity supply has doubled between 2004 and 2012, failed to end the maddening hum of generators and diesel smell that pervades the city.
"We have three connections: to the national grid, the generator of the neighborhood and to our family for when else fails," says Saleh H., father of two boys aged 16 and 12 years, residents in the Palestinian street. "Sale expensive," he complains. Saleh has difficulty making ends meet with odd jobs ranging from butting in 2003 closed the munitions factory where she worked. He does not know how to explain the situation to your children fascinated with the latest consoles and mobile, they can not buy.
The education system is broken and much of the population still without drinking water
"It is widening the gap between rich and poor," notes Edward also recalls that three decades of war have left 1.5 million widows with no source of income. In addition, there are still 1.3 million displaced people have been unable to return to their homes, are either destroyed or have been occupied by families of other sect after cleaning has uniformed areas until recently were mixed. So in some neighborhoods, such as Sadr City, two and three families are crowded into spaces that do not reach the one hundred meters. In other cases, have found refuge in half-built buildings such as the Theatre Square, no toilets.
"It takes two million homes across the country, at least a quarter of them in Baghdad," said Ghada al Siliq, an architect who works as a consultant for the municipality of the capital. "Political disputes have slowed the project, but gradually the new leaders are learning and beginning to realize that they have to go on with the technical side," says trying to maintain hope.
To do nothing better than going the faculty of languages at the University of Baghdad in Bab al Moadam. There, after passing a police check and strict access log, breathes optimism unparalleled in the rest of the city. Shatha Kareem, the head of the Spanish department proudly displays freshly painted classrooms, library and television where the 529 enrolled in this language can be seen on Channel 24 hours. With more enthusiasm than average, 18 students teachers try to fall in love with a language that in many cases it was not his first choice.
"How can we get a grant to travel to Spain?" Is the question asked by the students before the end of the first course. No doubt the main attraction of learning a foreign language is the ability to leave a country in which only 40% of adults have jobs (65% of them in the public sector).
"They are at an age where they think everything was perfect, that if they leave here they will realize all your dreams," says the dean of the faculty and head of the English department, the Samir Faisal Sausen. She always try not to leave before finishing their studies. "What will dedicate else? To serve burgers at McDonald's? That too can do it here, "he says.
But it's hard. Many have family or friends outside who tell them what they're missing. Two million Iraqis living abroad and even those who have returned in recent years have left a door open in the host country. Although long-term all say that Iraq will succeed, the interregnum may be very long. "So between the cultural and intellectual elite, the question is no longer if but when I go the opportunity arose," says Al Siliq, architect.
"Iraqis are tired of war. We want to live a normal life like the rest of the world, "concludes Samir, the dean. It's like Karim and Ruquiya want for their children. End
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